Sunday, September 12, 2010

TERCERA VEZ

Desde el avión,

la orquestra panorámica de Río de Janeiro

se escucha en mi corazón.

Desde la cumbre del Corcovado

hasta las olas de Copacabana,

la dicha es una simple distancia que ha pasado

borrando fechas próximas con sus manos plateadas.

Ataré mi existencia sideral

a la divina roca del Pao de Assucar

que ve nacer la aurora antes que el agua mar.

El mar de Río de Janeiro

es una antigua barcarola

que está aprendiendo la ola

leve de mi pensamiento.

Guanabara su nombre. Guanabara,

como una estrella que se alargara

sobre le ritmo del momento.

Ciudad naval, tus avenidas

de orohidrográficos prodigios

anclan mis ojos en un aire

de eternidades sin abismos.

Tu mar y tu montaña

- un puñadito de Andes y mil litros de Atlántico - ,

pasan bajo las alas

del avión, como síntesis del continente amado.

Las grandes rocas están de oro,

las montañas en verde y morado.

El agua se mueve en semitono.

La ciudad es u libro deshojado.

El aire está en soprano ligero.

La escuadra va a salir a pescar.

Un “loopoing the loop” hace pedazos el regreso

y hace estallar la ciudad.

No comments: